Ayer por fin pude ver el montaje de La viuda alegre protagonizado por Natalia Millán, que actualmente se representa en los Teatros del Canal. Reconozco que no estoy demasiado familiarizado con esta opereta más allá de algún tema famoso, pero en general puedo decir que me gustó bastante a pesar de lo sencillo que es al argumento. Según tengo entendido, han ajustado drásticamente la duración, reduciéndola a un único acto de 90 minutos que se pasa volando. Aunque supongo que la obra ha ganado en dinamismo, sí que hubo partes en las que me dio la sensación de que todo iba un poco rápido.
La producción es bastante espectacular, con una escenografía muy lujosa que se adecua perfectamente a las tres localizaciones en que tiene lugar la historia. La compañía, con más de veinte personas en escena en algunos momentos, suena fenomenal, si bien hay ciertos pasajes en los que cuesta un poco entender el texto (el eterno problema del diseño de sonido). Pero si hay algo que me encantó fue ver a una Natalia Millán desenvolviéndose de maravilla como Hanna Glawari, con el handicap que supone enfrentarse a un papel escrito para otra tesitura. A los más puristas les molestará que hayan bajado tanto la partitura para adaptarla a su voz, pero para mí no solo sale airosa, sino que una vez más demuestra su valentía como actriz y deja claro que reúne perfectamente las cualidades que se le han de exigir a un intérprete de musical. Al salir del teatro se me disparó la imaginación pensando en todos los papeles que ella podría hacer fantásticamente bien. Ojalá tengamos la suerte de verla prodigarse más en el género.

Updated On: 10/19/17 at 10:28 AM