Casi recién llegado de una escapada relámpago a Londres, voy a hacer una breve crónica de la función de The Bodyguard a la que asistí. Me animé a ver este espectáculo porque aún tenía la espinita clavada por no haberlo visto en su primera etapa en Londres, ya que yo siempre he sido muy fan de Whitney, y la película la vi tantas veces en mi adolescencia que llegué a quemar el VHS (y no sabéis hasta que punto me hace sentir viejo esta frase que acabo de escribir).
Para empezar, me arriesgué a no comprar previamente la entrada e intentar conseguir uno de esos famosos day seats tan baratos. Y no podría haberme salido mejor la jugada. Por 25 libras pude adquirir una entrada en primera fila, y bien centradita. El Dominion es enorme, y la primera fila no es como en otros teatros en los que estás casi encima del escenario. Delante de ti tienes un pasillo muy amplio en el que se pueden estirar las piernas sin problemas, luego el foso de la orquesta, y luego ya el escenario, que además no es muy alto. En definitiva, que lo vi de lujo, y sin preocuparme de tener incómodas cabezas delante, algo que se está convirtiendo en mi pesadilla últimamente…
En cuanto al musical en sí, está claro que más simple no podría ser. Te cuenta la película, aunque bastante simplificada en algunos elementos. Y salvo por un par de canciones, los números musicales son siempre la protagonista cantando en algún concierto, o en un karaoke, o en una sala de grabación… Desde luego no tiene la profundidad ni complejidad de un Sondheim, pero no creo que nadie vaya al teatro esperando eso de este musical.
Y qué bien me lo pasé… Clásico ejemplo de musical “Feel Good” y de “subidón”, y siendo como ya he dicho muy fan de Whitney, ver todas esas canciones interpretadas por la excelente Beverly Knight fue todo un gustazo. Me gusta mucho más ella en el papel que Alexandra Burke, que me decepcionó un poco en el cast recording.
Mención especial también para Rachel John, la actriz que interpretaba a la hermana de la protagonista, y que no quedaba para nada a la sombra de Beverly, tenía voz para dar y tomar.
Quizás lo peor de la función fue el propio guardaespaldas. No sé si era el actor (Ben Richards, bastante popular en la tv británica), o que el personaje está concebido así, pero me pareció acartonado y poco creíble. Aunque la escena del karaoke, cuando canta su propia versión del “I will always love you” es uno de los mejores momentos cómicos, que por cierto, el musical tiene unos cuantos.
El teatro estaba lleno, y definitivamente al público le gustó. Reaccionaba con carcajadas a los chistes, gritos en los sustos (hay un par de ellos), aplausos y ovaciones al final de los números. Y solo con el Waterloo al final de Mamma Mia! he visto a la gente tan eufórica y dándolo todo como con el I Wanna Dance With Somebody que cantaron aquí.
No sé si recomendaría este musical a gente a la que no le guste Whitney (y no tengo muy claro lo de que pueda tener éxito aquí
, pero yo disfruté como un enano y salí del teatro sonriendo como un tonto. Y con la espinita desclavada :)