A mi también me encanta que se anime este foro y se abran debates de este tipo que, siempre, resultan enriquecedores. Esta saludable discusión que llevamos manteniendo días, refuerza mi idea de que la consolidación del mercado del teatro musical en este país es ya más que una evidencia. Ahora advertimos situaciones que nos ponen en alerta porque comenzamos a tener sentido crítico. También, las productoras ahora, han de hacer frente a cuestiones que, en ciudades como Nueva York o Londres forman parte del día a día, y a las que deben y debemos comenzar a acostumbrarnos.
Las empresas privadas están para hacer dinero, eso no se nos puede olvidar nunca y dependerá de la filosofía y política de cada compañía, definir cómo y de qué forma alcanzarán los objetivos y beneficios pretendidos. Hay productoras como Stage o SOM que aspiran a lograr sus objetivos intentando garantizar la calidad del producto que ofertan, bien sea con montajes réplicas o planteando versiones alternativas a lo que se puede ver en otros países.
Revisando el historial de Lest go, es más que evidente su política y tratamiento del producto: títulos atractivos, publicidad inicial agresiva con una cara conocida, mínima inversión en la producción.
Aunque a muchos nos fastidie, traer el “Fantasma” ha sido una jugada maestra por parte de Lets go, adelantándose a varias de las grandes productoras de teatro musical del país que, me consta, tenían el proyecto encima de la mesa.
A mí eso de estrenar el montaje en Italia con Ramin Karimloo y vender una lámpara en llamas con el Fantasma colgado de ella dando alaridos me parece, además de una “fantasmada” (nunca mejor dicho), una estrategia de marketing para llamar la atención y tapar o compensar las posibles carencias que este nuevo montaje, seguramente tenga respecto a la obra original.
Si Lets go es fiel a su filosofía, en verano veremos todas los autobuses, farolas y marquesinas de Madrid empapelados con la máscara y la rosa, estrenarán y llenarán, y pasados los primeros meses, a mayor o menor velocidad, aparecerán los descuentos del 30% y el producto se irá desinflando, simplemente porque el concepto de producción, a mi modo de ver, conscientemente, está diseñado para que sea así.
Sigo pensando que el “Fantasma” es un clásico, absolutamente icónico, una marca en sí, que tiene su propia seña de identidad que es, precisamente, lo que se espera ver y de lo que la gente quiere disfrutar. Es más, generalmente, alterar este tipo de obras, aún cuando sean los propios creadores/ productores quienes lo hagan, suele tener muy mala aceptación del público; otra cosa es que, por los motivos que sea, se considere necesario un cambio para actualizar el producto, rebajar costes, etc.
No creo que a Lets go, materializar su proyecto de “Fantasma” económicamente les pase factura (sabemos que en recursos invierten lo justo), sin embargo, tengo la impresión de que esta nueva producción no es la mejor idea para ganar prestigio y quitarse esa mala fama que les acompaña, hasta la fecha, merecida. Poco a poco la gente empieza a darse cuenta de cuándo le dan “gato por liebre”; quizás aún no a conocer a las productoras pero sí a identificar y vincular teatros con garantía de calidad y eso es un gran paso. Ya todos saben que, con independencia de que la temática guste más o menos, lo que se estrena en el Teatro Coliseum de Madrid o en el Nuevo Alcalá, es de un nivel más que aceptable, y lo que verán en el espacio Delicias será, cuanto menos, cuestionable.
Como decía al principio, creo que tenemos que empezar a normalizar estas cosas aunque, lo cierto es que esta política de Lets go, flaco favor hace a otras productoras que apuestan por la calidad y ven frustradas sus pretensiones de poner en pie o recuperar montajes que son icónicos (yo le diría a SOM que acelere sus "Miserables" por lo que pueda pasar
).
Desgraciadamente, si esta versión del Fantasma se materializa, me temo que tendrán que pasar muchos años para que una productora seria se planté traer “El Fantasma” original, aunque yo sigo pensando que este montaje de Lets go no verá la luz; no sé si porque Webber tendrá un rapto de lucidez y parará este despropósito o porque la propia grandeza de todo lo que implica y representa esta obra genere a Lets go una sensación de vértigo incontrolable e inasumible.