Posted: 4/5/25 at 5:03am
Ayer por la tarde, me acerqué a la Sala Roja Concha Velasco de los Teatros del Canal para ver Música para Hitler de Juan Carlos Rubio y Yolanda García Serrano:
Se trata de una obra de teatro que está basada en una anécdota real que sucedió en 1943. El afamado violonchelista Pau Casals, que había huido al sur de Francia de su Catalunya natal debido a la guerra civil y la dictadura franquista, fue invitado a tocar para el Führer por el régimen nazi y, naturalmente, dijo que no. Juan Carlos Rubio y Yolanda García Serrano intentan mostrarnos en su obra el imaginario encuentro y la tensa conversación entre Pau Casals y el representante del régimen nazi.
Y aquí surge el primero de los problemas de la obra: La anécdota simplemente no da para una obra de teatro. No hay tensión dramática: Como buen defensor de los derechos humanos, la democracia, la libertad y la paz, Casals se negó a actuar para Hitler desde el principio. No hubo titubeos, no hubo dudas, no hubo arrepentimientos. Así que, los autores de la obra se dedican a estirar durante una hora y veinte minutos un chicle que pierde su sabor nada más es sacado del envoltorio.
Además, el texto es muy artificial. El lenguaje es acartonado. Las palabras y las conversaciones no son naturales, no surgen de una forma orgánica de los personajes. Están metidas con un embudo en su boca, por lo que todo suena muy forzado. La obra, en vez de mostrarnos quienes son los personajes, hace que los personajes nos reciten detalles de sus biografías. Así, nos encontramos con interacciones tan artificiales como "¡Buenas tardes! Es usted un músico que nació en ... e hizo ... y se le conoce por ... ¿Qué tal está?"
Juan Carlos Rubio ha dirigido a los actores y la función de la misma manera en la que ha escrito el texto. Todo está pintado con brocha gorda - no hay sutileza. Casi todos actúan para el gallinero. Especialmente, Kiti Mánver, que interpreta a Francesca Vidal i Puig - Titi - la pareja sentimental de Pau Casals, cuyos gestos son tan exagerados que parece que está en una de esas películas de cine mudo de antaño. De hecho, tanto la obra como su puesta en escena me han parecido muy anticuados.
Y debido a que todo es tan desfasado, tan exagerado y tan artificial, el pobre Cristóbal Suárez es irrisorio como el militar nazi. En el universo trasnochado de este montaje, este personaje pide a gritos a un estereotipo; a un actor de aspecto ario: rubio, con ojos azules, frío y distante ... El señor Suárez, por el contrario, rezuma la belleza, la masculinidad y el calor del sur, del Mediterráneo por los cuatro costados.
Además, los dos personajes femeninos están tan desaprovechados que podrían eliminarse perfectamente de la obra. Sobre todo, el personaje de Marta Velilla, que interpreta a la sobrina de Pau Casals y aparece durante unos diez minutos sobre el escenario para decir un par de cosas completamente insignificantes para la obra. Aunque el personaje de Kiti Mánver no se queda lejos.
El ejemplo más claro es la última parte de la obra en la que las dos mujeres desaparecen por completo - algo totalmente incomprensible y que demuestra lo mal que está construido el texto. No se entiende cómo una mujer que está muy preocupada por Pau Casals y teme que en su estado depresivo pueda ofender al militar nazi y meterse en problemas no intervenga - aunque solo sea para asomar la cabeza y ver qué está pasando - durante la acalorada discusión entre los dos hombres en la parte final de la obra. Al igual que no se entiende que, tras pasarse toda la primera parte de la obra suplicando a Pau Casals que vuelva a tocar, no entre en el salón al oír la música durante esa forzada clase magistral que Pau Casals le da al militar.
El único que se salva es Carlos Hipólito, que interpreta a Pau Casals, ya que intenta crear a un ser de carne y hueso. No lo consigue debido al texto, pero, por lo menos, el pobre hombre hace un esfuerzo en modular su voz y mantenerse dentro del personaje hasta el final de la función.
La escenografía de Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer, la iluminación de José Manuel Guerra, el vestuario de Pier Paolo Álvaro y el maquillaje y peluquería de Chema Noci están en sintonía con los aspectos del montaje ya analizados. Todo parece estar hecho para salir del paso. La originalidad y creatividad brillan por su ausencia.
Por último, el programa de mano es bastante pobre y nada informativo como se puede ver en estás imágenes:
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En fin, le doy una estrella tenue.
El montaje dura una hora y veinte minutos aproximadamente. Ayer, empezó a las 20 horas y 5 minutos y los aplausos terminaron a las 21 horas y 30 minutos. Los actores salieron a saludar cuatro veces, ya que la mayoría del público parecía bastante entusiasmada. Carlos Hipólito estaba conmovido con los aplausos y la ovación de pie que recibieron de esos entusiasmados espectadores.
Música para Hitler estará en la Sala Roja Concha Velasco de los Teatros del Canal hasta el 20 de abril.
Estaba sentado en la butaca 1 de la primera fila del patio de butacas. Es la butaca que está al lado del pasillo central y, en mi opinión, es la mejor butaca de la sala. La visibilidad es perfecta, ya que el escenario no es alto y no hay cabezas delante que puedan molestar, por lo que parece que los actores actúan para ti; y el espacio para las piernas es fantástico como se puede ver en estas fotos:
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https://i.ibb.co/kVqn8NBR/20250404-193429.jpg
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Updated On: 4/5/25 at 05:03 AM









